Junípero Serra, un santo sin milagros

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* Su canonización por el papa Francisco en Washington reavivó la controversia sobre el fraile franciscano

El papa Francisco canonizó ayer a fray Junípero Serra, quien en el siglo XVIII estuvo de paso en Tepic y se embarcó en San Blas rumbo a la Alta California para contribuir a la colonización española.

Si alguien en su tiempo habría anticipado al misionero franciscano que lo nombrarían santo y un papa encabezaría la ceremonia de su canonización en la capital de un imperio, él podría haber pensado que era víctima de una tentación del Demonio o el dicente era un loco de atar.

Primero lo beatificó el papa Juan Pablo II el 28 de septiembre de 1988 y entonces como hoy la deferencia eclesiástica es causa de controversia, principalmente motivada por quienes consideran que la labor evangelizadora de Junípero Serra y sobre todo el establecimiento de misiones en lo que hoy es California tuvo nefastas consecuencias para los pueblos indígenas que habitaban la región, muchos de los cuales fueron obligados a convertirse a la fuerza al catolicismo.

A decir verdad, los procesos de canonización de figuras históricas generalmente originan controversias. En algunas se impone el fiscal del Diablo, como sucedió con el intento de canonizar a Cristóbal Colón, y al respecto Alejo Carpentier, ese gran escritor cubano, nos detalla en El arpa y la sombra su visión novelada sobre las razones por las cuales el descubridor de América no llegó a ser santo. El trato a los indígenas, por cierto, fue una de ellas.

Quien en 1713 nació en Petra de Mallorca, España, y fue bautizado como Miguel José por sus padres Antonio Serra y Margarita Ferrer, ha tenido sus defensores y del más alto nivel. Por ejemplo, el 14 de septiembre de 1987, el papa Juan Pablo II tuvo un encuentro con indios de Fénix, en Arizona, durante el cual alabó los esfuerzos de Serra para proteger a los pueblos originales de la explotación. Tres días después vistió la tumba del fraile en la Misión de San Carlos Borromeo y recordó la representación de Serra en 1773 en favor de los indios californianos.

Por algo la jerarquía católica decidió favorecer la causa del franciscano mediante una canonización equivalente, es decir, “sin la necesidad de aprobar un milagro y debido a la probada veneración popular”.

Aquí en Tepic, el investigador Pedro Luna Jiménez afirmó que existe una relación de identidad entre Junípero Serra y Nayarit, lo cual se demuestra por el hecho mismo de que especialmente en la capital del estado hay una calle, una escuela, un hotel que llevan su nombre.

Añadió que la importancia del paso del fraile franciscano en el hoy Nayarit se basa en el hecho de que encabezó los viajes misioneros que originaron la construcción de una ruta de proveeduría de insumos desde Tepic hasta el sur de Norteamérica, y posteriormente la ruta de migración que persiste hasta la fecha. 

Por otra parte, es de señalar que Junípero Serra es el único español que tiene una estatua en el Salón Nacional de las Estatuas situado en el Capitolio, sede del Poder Legislativo de los Estados Unidos y donde están representados los personajes más ilustres de esa nación. Cada estado federado del país únicamente tiene derecho a proponer dos nombres de personajes ilustres a quienes se les inmortalizará con un monumento. La estatua de fray Junípero está en el pasillo principal y fue propuesta por el estado de California.

En ese estado fundó las misiones de San Fernando y San Diego (1769), San Carlos de Monterrey (1770), San Antonio de Padua y San Gabriel (1771), San Luis Obispo (1772), San Francisco de Asís y San Juan Capistrano (1776), Santa Clara (1777) y San Buenaventura (1782).

Antes de su labor pastoral en California, quien tomó los hábitos en 1730 llegó diecinueve años después a la Nueva España, como misionero de las diócesis de México, Puebla, Oaxaca, Valladolid (hoy Morelia) y Guadalajara.

En 1767, luego de la expulsión de los jesuitas de la Nueva España, el virrey Carlos Francisco de Croix lo envió a la Alta California. Camino a esa región llegó al hospicio fundado en 1744 junto a la capilla edificada en Tepic para albergar la Cruz de Zacate y que cuarenta años después se convertiría en un convento franciscano. Murió en 1784.

Todo un personaje, sin duda, y no exento de polémica. Hay quienes, como Steven Hackel, profesor de Historia de la Universidad de California, consideran que esa controversia sobre las misiones en California “acabó por enterrar a Junípero Serra como un personaje extraordinario que podría rivalizar con Washington o Jefferson en importancia a la hora de explicar a los Estados Unidos”. Una controversia inagotada pero, por lo pronto, el fraile franciscano ya tiene olor de santidad.

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