La complicada construcción del entrañable Ángel de la Independencia de la Ciudad de México, una pelea con un oso pardo en París (sí, no es broma)… y una hija célebre que terminó suicidándose en la catedral de Notre Dame, son algunas de las increíbles historias en torno a un nayarita de excepción: el arquitecto Antonio Rivas Mercado, nacido en Tepic el 25 de febrero de 1853.
El orgullo local por el famoso arquitecto del porfiriato crece más con motivo de la celebración del Bicentenario de la Independencia. Y es que hasta hace algunos años, nadie nos había hablado a los nayaritas acerca de la existencia de este ilustre coterráneo.
UN NIÑO SE EMBARCA A EUROPA
Su abuelo, el español Don Manuel de Rivas nacido en Málaga, llegó a estas tierras en la época colonial como Capitán General del Puerto de San Blas. Tiempo después ya en el México independiente, su padre Don Luis Rivas Góngora y su tío Carlos fueron los administradores de la Barrón-Forbes y Compañía, empresa importadora y exportadora, fundadora además de la fábrica de textiles de Jauja, de la que hoy sólo quedan sus ruinas, y que fue la financiadora del otro no menos célebre personaje nayarita: Manuel Lozada, el polémico forajido y luchador agrario.
En 1864, comenzarían los insólitos pasajes en la vida de Rivas Mercado, pues a los 11 años, el pequeño Antoñito viajaría sólo en un barco rumbo a Europa por órdenes de su padre, casi al mismo tiempo que en sentido contrario, navegaban Maximiliano y Carlota con rumbo a ser proclamados emperadores de México.
Su formación como arquitecto e ingeniero, pero sobre todo como hombre cultísimo, fue primero en Londres, después en París, más tarde Italia y finalmente en España. Pero Francia fue el país con el que más se identificó.
LA HAZAÑA CON EL OSO DE PARIS
Fue en las calles parisinas en 1872, en su época de estudiante de la École des Beaux-Arts, cuando tuvo lugar su pelea con un oso pardo amaestrado por gitanos. La escritora y biógrafa francesa Fabienne Bradu relata la extraordinaria anécdota, describiendo al joven Antonio de la siguiente manera: “Un barbón descomunal que andaba por los dos metros y los 100 kilos y cuyos trancos obligaban a correr al resto del grupo. Para colmo, el gigantón llevaba en la cabeza un fez (gorro árabe) cuya borla giraba hacia todos los puntos cardinales al ritmo de sus pisadas y de sus exclamaciones. ¡Si hubieran sabido que este fenómeno de la naturaleza era, además, mexicano, de un sitio llamado Tepic -donde seguramente se practicaba la antropofagia- la boca se les hubiera abierto un poco más!”
Cerca de la iglesia de Saint Germain, un gitano ofrecía dinero al que fuera capaz de sostener un combate por más de un minuto con el oso. Alentado por sus compañeros, Antonio aceptó el reto y logró audazmente someter al animal por el tiempo establecido.
“Antonio quedó registrado en los anales de la bohemia no sólo como un destacado estudiante de arquitectura, sino también como el héroe de una beligerante noche del invierno de 1872. A partir de ella, y por el resto de sus días, Antonio Rivas Mercado fue conocido como el Oso”.
Tras 17 años en Europa, regresó a México justo cuando el presidente Porfirio Díaz, se empeñaba en llenar al país de edificios y monumentos afrancesados, “proyectos civilizadores” símbolo de la supuesta prosperidad del régimen. Antonio comenzó a hacer obras como la aduana del ferrocarril en Tlaltelolco y varias residencias particulares, entre ellas la que actualmente alberga al Museo de Cera de la Ciudad de México.
¡NO LE VALIO UN ELOGIO DE SU PAISANO AMADO NERVO!
Otro episodio inusual. Rivas participó en el concurso por el proyecto del nuevo Palacio Legislativo y el mismísimo Amado Nervo, otro de los afamados tepiqueños, le dedicó comentarios de elogio en la Revista Moderna.
Quién sabe si ambos supieron alguna vez que eran oriundos del mismo pueblo perdido en la costa occidental de México, donde decían que comían gente.
Pero el elogio del bardo y poeta no sirvió de mucho: el concurso lo ganó un extranjero. A la postre, la revuelta maderista impidió la conclusión del nuevo palacio del que sólo se alcanzó a hacer la cúpula y que paradójicamente, hoy identificamos como el Monumento a la Revolución Mexicana.
Pero luego vendría el desagravio y le encomendarían el monumento nacional que lo llevaría a la fama arquitectónica. La misma biógrafa francesa lo registra así: “Se acercaban las fiestas del Centenario de la Independencia. En el conjunto de festejos, le tocó a don Antonio Rivas Mercado la tarea de inmortalizar al Centenario en una columna que hoy se conoce como «El Ángel» de la Independencia. Don Porfirio recomendó al arquitecto que no escatimara recursos para santificar el paso de su gloria y el esplendor del aniversario”.
“Los bronces de la columna se encargaron a Francia (aseguran que también a Italia) y en abril de 1909, Antonio partió hacia allá a inspeccionar las fundiciones y los moldes, así como la estatua del ángel que coronaría la columna”.
“¿DIEGO POR QUÉ PINTAS ESOS HORRORES?”
Duró varios meses de nuevo en París haciendo esa tarea a donde se hizo acompañar de dos de sus hijas y de un joven pintor becado originario de Tepic de nombre Enrique Freyman, del que ahora nada se sabe.
Otro joven pintor también estaba en la “Ciudad Luz” quien después también sería patrocinado por el arquitecto Rivas: nada más y nada menos que Diego Rivera. De visita en su estudio la misma Fabienne Bradu cuenta ésta otra anécdota:
Diego Rivera pintaba sus cuadros cubistas que lastimaban el ojo académico y clasicista de don Antonio.
-- ¿Cómo es posible Diego que siendo usted tan buen dibujante, pinte esos horrores?
- - Don Antonio no son horrores. Usted es de otro siglo. Además esto es lo que se vende y si no vendo mis cuadros, nos morimos de hambre.
¿SE PLAGIO EL ANGEL DON ANTONIO?
Sorteados graves problemas con la cimentación de la columna que obligaron a Don Porfirio a poner la primera piedra dos veces, el Monumento a la Independencia se inauguró con un gran evento el 16 de septiembre de 1910. Ante el Presidente Díaz, el arquitecto tepicense describió cada uno de los elementos del majestuoso conjunto escultórico. El discurso oficial estuvo a cargo del poeta Salvador Díaz Mirón.
No faltó quien dijo que la obra de Rivas Mercado fue plagiada de un proyecto más antiguo hecho en 1843 por el arquitecto Lorenzo de La Hidalga, de acuerdo al periodista Jorge Legorreta de La Jornada.
Don Antonio diría que su monumento fue realizado "siguiendo la tendencia de los grandes pueblos que levantaron columnas a sus héroes y a sus triunfos".
Y es que algunos también encontraron demasiada similitud del ángel mexicano con la Columna de Julio de París y la Columna de la Victoria de Berlín. Digamos que ambas columnas fueron sin duda la inspiración de Rivas Mercado, pues se construyeron 80 y 35 años antes, respectivamente, de acuerdo a lo que documenta Legorreta.
UN SUICIDIO A LOS PIES DE NOTRE DAME
El ilustre arquitecto llegó a dirigir la prestigiada Academia de San Carlos, concluyó las obras del precioso Teatro Juárez de Guanajuato y retirado tras la Revolución Mexicana, se dedicó a viajar por el mundo. Finalmente murió en la Ciudad de México, el 3 de enero de 1927.
Su hija más célebre, fue Antonieta, descrita como una mujer adelantada a su tiempo, “incasable, culta, temeraria, patrocinadora de diversos artistas y proyectos culturales, traductora, ensayista, una apasionada del arte pero también de la libertad”.
Seguidora y pareja sentimental de José Vasconcelos, intelectual y candidato perdedor a la presidencia de México, Antonieta Rivas Mercado, despechada y en la ruina económica, en 1931 se suicidó de un tiro en el corazón dentro de la Catedral de Notre Dame de París (la misma del legendario jorobado de Víctor Hugo), cerrándose así las increíbles historias en torno a la vida del más famoso arquitecto nayarita de todos los tiempos.





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