>• En el año del Bicentenario hoy se cumplen 140 años del natalicio del bardo nayarita
“Amé, fui amado, el sol acarició mi faz. ¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!”, dicta uno de los más famosos poemas de Amado Nervo, titulado “En Paz”, Juan Crisóstomo Ruiz de Nervo era el verdadero nombre del poeta y prosista mexicano. Nació en la ciudad de Tepic (en ese entonces Jalisco) hoy Nayarit, un 27 de agosto de 1870, por lo que hoy se cumplen 140 años de su natalicio.
Amado Nervo contrasta entre los poetas pertenecientes al modernismo, movimiento literario que se dio entre 1880 y 1910, por su particular toque místico, mezclado con una profunda tristeza.
No es de extrañar el sentimiento que reflejaba en cada uno de sus poemas, pues desde pequeño tuvo que enfrentar pérdidas difíciles como la de su padre, Amado Nervo, que murió cuando el poeta tenía sólo nueve años de edad, lo que devastó a la familia y acarreó graves problemas económicos.
Nervo fue un alumno destacado por su inteligencia y dedicación; en Zamora, estudió ciencias y filosofía, después ingresó, por un efímero tiempo, a un seminario. Convencido de entregarse a la vida sacerdotal regresó al seminario, pero tuvo que desistir debido a sus dificultades económicas.
Al dejar definitivamente el seminario, se dedicó a trabajar para ayudar a su familia, y más tarde se dirigió a Mazatlán, dónde escribió sus primeros artículos en El Correo de la Tarde, tarea que realizaba al mismo tiempo que trabajaba par un abogado.
Después, la vida lo enfrentó a una segunda tragedia, la muerte la de su hermano Luis, cuyo dolor fue tan grande que lo reflejaría años más tarde en sus Apuntes para un libro que no escribiré nunca: “Yo he visto el rayo verde, que trae ventura. Lo vimos en una playa mazatleca mi hermano y yo, una tarde de julio. Mi hermano se suicidó y yo… etcétera”.
Su carrera comenzó a brillar en 1884, en la ciudad de México. Participó como colaborador en La Revista Azul, de Manuel Gutiérrez Nájera, para quien leería algunos versos ante su sepulcro en 1896, en su primer aniversario luctuoso, y que serían aplaudidos unánimemente por los poetas.
El verdadero reconocimiento de Nervo llegó en 1885 tras la publicación de su primer libro, El bachiller, novela corta que algunos especialistas juzgan como autobiográfica por las características de su trama y que causó en aquel tiempo un gran revuelo por su contenido e inesperado desenlace.
El inolvidable poeta formó parte de la redacción de El Universal, El Nacional y El Mundo; en este último fue donde tuvo un puesto formal hasta el 27 de junio de 1897; más tarde, asumió la dirección de un suplemento humorístico del mismo periódico, llamado El Mundo Cómico, que al independizarse cambió su nombre por el de El Cómico.
En 1890 fue enviado como corresponsal de El Imparcial a París, donde conoció Catulle Mendés, Jean Moréas, Guillermo Valencia, Leopoldo Lugones y Oscar Wilde. Ahí se reencontró con Rubén Darío, a quien conoció en La Revista Azul.
La luz llegó a su vida nuevamente cuando conoció a su gran amor, Ana Cecilia Luisa Daillez, el 31 de agosto de 1901, y cuya muerte anticipada, el 7 de enero de 1912, le inspiraría a escribir “La amada inmóvil”, publicado después de su muerte, en 1922.
Durante su estancia en Europa escribió “Poemas” (1901), “El éxodo y las flores del camino”, “Lira heroica” (1902), Las voces (1904) y “Jardines interiores” (1905). Posteriormente fue despedido de El Imparcial, lo que lo sumió en una gran depresión al enfrentarse nuevamente a problemas económicos.
Cuando volvió a México, ocupó puestos en la docencia y la burocracia hasta que ganó un lugar como profesor en la Escuela Nacional Preparatoria.
En 1905 incursionó en la diplomacia, en un puesto como secretario de la Embajada de México en Madrid, donde además de cumplir con sus labores continuó su trabajo de escritor con obras como Ellos (1912), Serenidad (1915) y Elevación (1917).
La Revolución interrumpió su carrera , pero cuando regresó a México en 1918 retomó el camino de la diplomacia al ser enviado como ministro plenipotenciario en Argentina y Uruguay.
El poeta muere a la edad de 48 años en Montevideo, Uruguay, un 24 de mayo de 1919. Su cuerpo fue traído a México y descansa en la Rotonda de las personas Ilustres , donde han sido sepultadas las personas que han favorecido al engrandecimiento de México.





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