>“¿Qué estoy haciendo aquí? ¡Me van a matar los gringos! Debí haber desertado como esos cabrones cobardes que corrieron hace rato… ¡Dios mío, ya se echaron al jefe Xicoténcatl, yo me voy de aquí!”
Juan Escutia, de 20 años, soldado del Batallón Activo de San Blas, no sabía qué hacer ante la masacre. Es la tarde del 13 de septiembre de 1847 y está en el bosque a las faldas del cerro de Chapultepec, en medio de la batalla contra las tropas invasoras estadounidenses.
Años atrás en su natal Tepic, Juan Bautista Pascasio Escutia Martínez se había enrolado en esta unidad del Ejército Mexicano al mando del teniente coronel Felipe Santiago Xicoténcatl. La vida era dura y para un muchacho provinciano era buena opción la carrera de las armas.
“Maté a varios gringos en Cerro Gordo, pero ahora nos dieron poco parque… aquí ya no hay nada que hacer, mejor me subo para el Castillo”.
Unos cuantos soldados sobrevivientes como Juan, suben desesperados al Castillo de Chapultepec, sede del Colegio Militar. Allá arriba todavía se escucha respuesta de fusilería y cañones contra el enemigo.
Pero el escenario en el colegio tampoco es alentador. Hasta ayer había 200 cadetes estudiantes a los cuales les dieron la orden de desalojar el Castillo pues no tenía caso que permanecieran ahí ante el ataque norteamericano.
Sin embargo, cuando empezó la batalla se quedaron unos 50 muchachos y algunos oficiales a defender su querida escuela. Pero para la tarde, ya todo estaba perdido.
“¡No disparen, no disparen! ¡Soy Juan Escutia Martínez, soldado del Batallón de San Blas! El enemigo está muy cerca!”
-- ¿Soldado Escutia, qué pasó con el Batallón de San Blas?, preguntó el cadete Francisco Márquez.
-- Algunos desertaron, la mayoría nos quedamos a pelear, pero casi todos están muertos”, respondió Escutia, mientras recogía un fusil y comenzaba a disparar hacia abajo.
La resistencia era inútil. El puñado de cadetes y los soldados de San Blas sobrevivientes avistaron una columna del ejército gringo que ya iba sobre ellos.
“¡Vámonos, vámonos ya, nos van a matar!”
El oficial de ingenieros Juan de la Barrera murió acribillado mientras defendía una trinchera.
El cadete Agustín Melgar, que estaba oculto tras unos colchones desde donde disparaba contra el enemigo, fue herido, y murió días después en el hospital.
El cadete Vicente Suárez enfrentó cuerpo a cuerpo a los estadounidenses y murió después de marcarles el alto y disparar contra ellos.
El teniente Juan de la Barrera nunca estuvo junto a ese grupo. Murió acribillado en una posición en otro extremo del Castillo donde había montado una barricada y donde se dio la batalla más intensa de la ocupación.
¡Por aquí, por aquí! le gritó Márquez a Escutia señalando unos ventanales por donde podrían deslizarse hacia abajo y escapar. Otros cadetes los siguieron.
Juan Escutia no tuvo tiempo, ni siquiera pensó en subir al torreón de la azotea para tomar la bandera del Castillo. Colgados del ventanal, fueron cazados a tiros y sus cuerpos rodaron hasta al pie del cerro.
Los soldados yanquis sí subieron al torreón para tomar la bandera y llevársela a su país como trofeo de guerra.
“Sí, soy Juan Escutia, no fui cadete, ni me lancé con la bandera… pero fui un soldado del Batallón Activo de San Blas y no deserté, luché hasta al final, junto a muchos otros compañeros, no seis sino cientos que murieron por la Patria.”
* La narración presentada aquí, está basada en hechos históricos documentados e indican que es más probable que Escutia haya sido soldado del Batallón de San Blas, que cadete del Colegio Militar. Los diálogos son ficticios.
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{becssg_c}0||El clásico retrato de Escutia|Se trata de una alegoría, pues fue pintado muchos años después de su muerte.{/becssg_c}
{becssg_c}0|02.jpg|Castillo y Bosque de Chapultepec|Fueron cientos y no solo seis, los mexicanos patriotas que se enfrenatron al ejército invasor.{/becssg_c}
{becssg_c}0|03.jpg|Coronel Felipe Santiago Xiconténcatl|Fue el jefe del Batallón de San Blas que inició la defensa del Castillo de Chapultepec, abajo en el bosque .{/becssg_c}
{becssg_c}0|04.jpg|Una hermosa leyenda|El relato que nos enseñaron en la escuela sobre Escutia no tiene bases históricas.{/becssg_c}
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