P. Sánchez no es sólo una avenida de Tepic...

Mensaje de error

No se pudo crear el archivo.

>Como aún sucede a numerosos tepiqueños, la primera referencia que tuve de Prisciliano Sánchez fue por el nombre de la avenida que limita al oriente el centro histórico de la capital nayarita.

Sobre todo entre los años setenta y ochenta caminé por la Pe Sánchez rumbo a la casa de mi abuela y tíos maternos, que se encontraba por la calle Guadalajara. La avenida estaba empedrada y muchas personas, entre ellas mi padre, Jesús Flores, la seguían llamando Mazatlán, pese a que en 1967 se le impuso el nombre actual. Esto es común en Tepic, pues lo mismo sucedió cuando a la calle Carnaval se le denominó, precisamente, Mazatlán; a la Ures, Padre Mejía, o a la Miñón, Antonio Rivas Mercado, aunque en estos dos últimos casos predominan los nombres originales.

Ya en el ejercicio periodístico, a principios de los años ochenta identifiqué el nombre de Prisciliano Sánchez Padilla en el muro de honor del salón de sesiones del Congreso local y acudí más de una vez, en Ahuacatlán, a una conmemoración anual del natalicio del ilustre personaje.

Un domingo por la noche, en el programa de radio La Hora Nacional, que se transmite en cadena en todo el país, mencionaron a Sánchez Padilla como el padre del federalismo mexicano y poco después obtuve mayor información acerca de él en una obra de Pedro López González, Recorrido por la historia de Nayarit, editada en 1986, así como en publicaciones biográficas, especialmente del profesor Julián Pineda Galaviz.

Así que durante años, de una manera u otra, recibí datos suficientes para aquilatar el legado de Prisciliano Sánchez y surgió en mí la inquietud de investigar aun más al respecto con el fin de divulgarlo.

La motivación para no postergar más el proyecto se dio a raíz del anuncio del magistrado presidente del Poder Judicial de Nayarit, doctor Pedro Antonio Enríquez Soto, de que propondría al Consejo de la Judicatura que la nueva sala de plenos del Palacio de Justicia tuviera el nombre del ilustre ahuacatlense y se instalara allí un mural en su honor.

Pronto reuní y organicé los documentos de que disponía con información sobre Prisciliano Sánchez, llamé a personas más enteradas como el cronista Pedro Castillo Romero y acudí a diversas bibliotecas en busca de mayores datos, por ejemplo la Biblioteca Magna de la Universidad Autónoma de Nayarit y la de la Unidad Académica de Derecho del propio centro de estudios; la del Congreso del Estado y la de la Casa de la Cultura Jurídica de la Suprema Corte de Justicia de la Nación en Tepic.

De igual forma, gracias a la plena voluntad de ayuda del abogado jalisciense Marco Antonio Cuevas Contreras pude disponer de dos de sus obras, producto de años de investigación, que son fundamentales para la presente síntesis biográfica: la primera de ellas se intitula Reivindicación de don Prisciliano Sánchez. Precursor del federalismo mexicano y fundador del estado de Jalisco, y la segunda, Réquiem para un hereje (Necrología de don Prisciliano Sánchez).

Coincido con Cuevas Contreras en que se requiere una mayor difusión de la vida y obra del bachiller en leyes Prisciliano Sánchez a fin de que se comprenda su trayectoria como legislador federal y local, a quien en gran parte se deben la forma de gobierno republicana y federal de nuestro país, su sistema de división de poderes, las bases de la actual relación Iglesia-Estado y normas internas de funcionamiento del Congreso General, entre diversas aportaciones con que se reflejó la ilustración del hombre nacido en Ahuacatlán en 1783 y por las cuales protagonistas de su generación lo llamaron “El tesoro” o “La sabiduría escondida”.

Como primer gobernador constitucional del estado de Jalisco, al que pertenecía el actual territorio de Nayarit, emprendió diversos proyectos educativos y hacendarios; una profunda reforma judicial y de la administración pública, además de implantar la nueva división política y territorial de la entidad federativa, así como el impulso a programas de beneficencia pública, sin dejar de lado la realización de obras materiales; un hombre que, hasta sus últimas consecuencias, privilegió el respeto a la ley y la libertad de expresión.

Sus ejemplares valores de disciplina, estoicismo, honradez, legalidad y compromiso con los desheredados, así como su voluntad de promover el conocimiento y comprensión de sus ideas, deben divulgarse para dejar de ser, en otro sentido de su sobrenombre, un tesoro escondido. 

 

* Este artículo es la introducción del libro 'Prisciliano Sánchez, el tesoro escondido' publicado recientemente bajo los auspicios del Poder Judicial de Nayarit. Se reproduce con la autorización de su autor, el comunicador y catedrático de la UAN, Francisco Flores Soria

Deja tus comentarios